Ante el colapso o los cambios en los planes de negocio de diversos productores de nuevos ingredientes para piensos en los últimos meses, es necesario profundizar en la narrativa de sostenibilidad del sector acuícola. Los clientes expresan expectativas cada vez mayores respecto a la calidad, los impactos y la trazabilidad de los productos que compran, y todos nos esforzamos por contribuir a mejorar nuestra huella en el planeta. En este contexto, se requieren lucidez y realismo, junto con ambición y curiosidad. Todos los ingredientes para piensos tienen sus fortalezas y debilidades, y ahora es momento de reconocer que los ingredientes marinos, agrícolas y nuevos deben trabajar juntos.
La ciencia reciente refuerza esta perspectiva más amplia. Un nuevo análisis de biodiversidad dirigido por Duncan Leadbitter (2025) muestra los enormes costos ambientales de extraer proteínas del océano. Reemplazar toda la proteína de la pesca de captura con agricultura terrestre requeriría hasta 5 millones de km² de nuevas tierras de cultivo, más que toda la selva tropical brasileña intacta. Incluso la eliminación de peces enteros utilizados para la harina de pescado podría suponer más de 20.000 km² de tierras de cultivo adicionales. Reducir los aportes marinos no elimina los impactos; simplemente los desplaza hacia los bosques, los suelos, el agua y las zonas críticas de biodiversidad. La pesca bien gestionada no es el problema; es parte de la solución.









